Ojala todos podamos llegar a ese lugar que nos roba una sonrisa, a ese lugar que nos permite contemplar lo tibio del sol, la sutileza de cada brisa; aquél lugar que nos devuelve las ganas, la vida, que nos hace confiar, a pesar de las tormentas, que todo es perfecto y que el dolor y la tristeza son sólo una ilusión.
Aquél lugar que en cada nube dibuja el amor, y te envuelve en sentimientos de empatía y compasión, con el otro y con uno mismo.
Aquél lugar que te hace parar y registrar el paso exacto que te lleva hacia el próximo destino. Frenar para ver dónde nos lleva lo que estamos haciendo, para saber si nos gusta en lo que nos estamos convirtiendo.
Vivir desde la consciencia, para no perder el tiempo en lugares donde ya no pertenecemos. Frenar para recargar energía en lugares y personas que nos hacen bien para nunca más perdernos.
Llegar a casa, cerrar la puerta y sonreir en la certeza que ningún huracán jamás volverá a hacer templar mis paredes.






